Texto bíblico: Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue.
Contemplamos:
El corazón y la mente de María se abren al anuncio divino y en su seno se encarna el Verbo.
Oremos...
También nosotros, María, nos alegramos contigo y con Dios. Con el ángel te decimos: “Alégrate llena de gracia. Él está contigo y te ama. Y tú estás con Él y lo amas” Queremos parecernos a ti, estar abiertos a los deseos y proyectos que Dios tiene sobre nosotros. Amarlo como lo has amado tú, que has hecho en cada instante de tu vida, lo que a Él le agradaba aun cuando te suponía dolor y no entendías. Ayúdanos, María, madre de Dios y madre nuestra. Tú que eres toda santa, reza por nosotros, pecadores. Dios te salve María...
María, causa de nuestra alegría,
Ruega por nosotros.
Oración de despedida
(La familia al final de la visita, reza la siguiente oración)
Gracias, Virgen Santa, dulce Madre nuestra: ha sido un regalo, ha sido una fiesta estar estos días contigo, cantar tus alabanzas, descubrir tu alma. Tu visita nos ha consolado, ha reanimado nuestra confianza, ha reavivado con más fuerza el gozo de ser tus hijos.
No nos olvides, no apartes de nosotros tu mirada y bendice nuestra familia, nuestro barrio (nuestra urbanización), a todas las personas que en él (ella) trabajan, se cansan y luchan por una convivencia más segura y pacífica.
Digamos juntos: Reina de las familias, ruega por nosotros.
Te pedimos, oh Madre Consoladora de los afligidos, por todas las personas solas y abandonadas, por todas las personas que se sienten vacías y sin amor ni paz interior, por todas las personas que sufren.
Digamos juntos: Reina de las familias, ruega por nosotros.
Nosotros que vivimos en medio de las pruebas y tristezas de la vida no cesaremos de pedir tu intercesión: ayúdanos a ser, en cada situación, constructores de paz. Que nos dejemos iluminar por el resplandor de la verdad. Que alejemos de nosotros la mentira, causa del mal en la vida de las personas y de la sociedad.
Haz que nuestra fe no vacile y que nunca nos cansemos de amar a nuestros hermanos. Danos valor para ser testigos de Cristo Resucitado.
Digamos juntos: Reina de las familias, ruega por nosotros.
“Amar de todo corazón a tu Hijo,
esta gracia te pido,
Reina de mi alma.”
(Venerable Padre Gras)